Nov 2, 2013

Yo espío, tu espías, el espía

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Por Miguel Guaglianone

Los titulares de los medios corporativos de comunicación tienen en estos tiempos como tema principal el espionaje. Las documentos hechos públicos primero a través de la Wikileaks de Julián Assange, las posteriores revelaciones del ex analista de la CIA, Edward Snowden, la progresiva publicación de mas documentos secretos a través de distintos medios corporativos en distintos países del mundo y el trabajo coordinador del periodista estadounidense Glenn Greenwald,  alimentan un proceso que provoca un escándalo global.

Con el mismo efecto del dominó que tumba toda una larga fila, o la bola de nieve que al caer por la pendiente se va convirtiendo en una masa enorme que provoca la avalancha, las sucesivas revelaciones han desatado un crescendo que envuelve y compromete a la política exterior de los EEUU, su imagen y sus relaciones con otros países.

Primero fue la aparición en escena pública de la existencia y uso del programa PRISM y las intenciones de controlar todo el flujo comunicacional mundial, con el objetivo de una vigilancia total sobre el planeta, intentando hacer realidad el Big Brother (el Gran Hermano te vigila) del 1984 de George Orwell, información que al conocerse produjo una ola de inquietud en las grandes poblaciones de clase media de los países centrales que sintieron amenazada su privacidad.  Después siguieron las sucesivas informaciones concretas de a quien se estaba espiando.

Al conocerse que las llamadas telefónicas personales y el correo electrónico de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff habían sido intervenidas, así como los de otros personeros del gobierno, se produjo una reacción diplomática muy fuerte, Dilma pidió primero explicaciones a Obama en la cumbre del G20 y como no hubo respuesta adecuada decidió medidas diplomáticas severas, se suspendió una programada visita a los EEUU de la presidenta de Brasil con reunión personal programada con Obama, y en la Asamblea General de las Naciones Unidas el discurso de Dilma fue de protesta y acusación por el espionaje realizado a ella y su gobierno y la necesidad de tomar medidas para impedirlo en adelante. Las relaciones entre Brasil y EEUU se enfriaron al punto de suspenderse una importante compra de armas programada y buscar por parte de la nación sudamericana nuevos proveedores en ese ramo diferentes a Estados Unidos.

El efecto de bola de nieve continuó y se conoció el espionaje a altos personeros del gobierno francés, mas tarde aparece entre los documentos de Snowden la mención del celular privado que usaba la canciller alemana Angela Merkel.  Airados pedidos de explicación de ambos países y una declaración de Merkel de que espiar a países amigos es “inaceptable” recorrieron los medios. Se complementó con informaciones de Glenn Greenwald que hablaban de espionaje también al gobierno italiano, no solo por las agencias de seguridad estadounidenses, sino también por los servicios secretos de Gran Bretaña.  El espionaje se convirtió en el tema central de la Cumbre Europea, desplazando los puntos de agenda programados.

 

En definitiva, todo el mundo públicamente indignado, la imagen de los Estados Unidos en pleno declive, pedidos de explicaciones y sobre todo una declarada pérdida de confianza de los gobiernos “amigos” al tener la seguridad de que son tan observados y  vigilados como aquellos que los EEUU consideran “enemigos”.

 

La última noticia al respecto la dio un artículo del Whashington Post, en el que se habla de los temores de altos funcionarios de seguridad de los Estados Unidos de que se hagan públicas otras informaciones que estarían en poder de Snowden, que tienen que ver con las operaciones encubiertas de la inteligencia norteamericana, sobre todo con la ayuda de instituciones y países no declaradamente “amigos” de los EEUU, que proporcionan informaciones secretas sobre Irán, Rusia y China a las agencias estadounidenses. El temor es sobre todo por la integridad de esos sistemas de información, ya que al hacerse oficial la noticia, los “informantes” quedan al descubierto y dejan de ser útiles. Es un temor comprensible, ya que generalmente montar esas redes secretas de información es una tarea que lleva años, es muy compleja y costosa, y se logra utilizando las “herramientas” miserables que mencionamos a continuación.

Realidades del espionaje

En la década de los 60 (concretamente desde 1962 con el estreno de “Dr.No”) el cine mundial puso en primer plano el mundo del espionaje. Una visión glamorosa y romántica del trabajo de los espías y asesinos (007 era licencia para matar) que se convirtió en uno de los nuevos mitos modernos -como el del Lejano Oeste- inventados por Hollywood y las otras industrias cinematográficas como forma de distracción y entretenimiento para las masas (sobre todo las de los países centrales).

La verdad es que el mundo real del espionaje ha sido  y es un ámbito muy sórdido, sin ningún tipo de normas éticas o morales (hasta la mafia siciliana respeta ciertas reglas morales), motorizado únicamente por el pragmatismo, la necesidad de conocer los “secretos” de otras naciones e intervenir secretamente en su política. Las “herramientas“ que utiliza para lograrlo son bastardas, incluyen cosas como la traición, la corrupción, el chantaje, el asesinato y cualquier otro tipo de presión que permita el logro de los objetivos a cumplir.

El trabajo de todos los días de los espías es aburrido, burocrático y mísero. Algunos intentos de comunicación masiva intentaron mostrarlo (como algunas novelas de John Le Carre o una película británica cuyo nombre no recordamos, en la cual Michael Caine representaba un espía muy realista cuya vida cotidiana era absolutamente mezquina) pero no pudieron enfrentar el mito cinematográfico rentable y masivo del espionaje tipo “James Bond”, con sus exóticos escenarios, sus hermosas mujeres y sus automóviles deportivos.

En ese sentido Obama tiene algo de razón cuando ingenuamente argumenta que ellos no están haciendo otra cosa que lo que siempre se ha hecho, sólo que son quienes disponen de la más desarrollada tecnología para hacerlo. Aun países con relaciones tan “carnales” como Israel y los EEUU se espían mutuamente. El Mossad realiza operaciones de espionaje en territorio norteamericano, y las agencias de seguridad estadounidenses lo hacen en Israel. Todos los gobiernos del mundo saben esto, que están siendo espiados por los más poderosos. 

En este caso lo que hace la diferencia es que lo secreto se ha hecho público y como alguna vez nos dijo alguien que perteneció a los servicios de inteligencia del ejército uruguayo, hablando de la realidad del golpe de estado, la injerencia y las torturas: “Tu tendrás la convicción, pero por mi antiguo trabajo, yo tengo la certeza.” Los gobiernos saben que son espiados, pero reaccionan públicamente con irritación cuando tienen la certeza de ello (en este caso hasta con indignación personal).

Mitos de la Sociedad de la información

Todo este asunto sin embargo tiene también una gran carga de mitología (o de matrices comunicacionales para decirlo de otra forma). Algunos desvariados teóricos de la era neoliberal, emborrachados de triunfos técnicos, llegaron a plantear que estamos en la “Sociedad de la Información” y de que “La información es poder”.  Planteamientos bastante ingenuos de este tipo de razonamiento, que generalmente deja de lado la historia, la antropología  y lo esencial.

El poder es un sistema que se maneja a partir de múltiples variables, y la información (que es solo una de ellas) solo es le es útil si está clasificada, es pertinente y es relevante en cada caso. Por eso parece un verdadero disparate despilfarrador montar costosísimos y complejos sistemas (que incluyen como ECHELON, redes de satélites) capaces de almacenar miles, millones de terabytes de información sin clasificar, con la esperanza de poder “controlar” las vidas, acciones y pensamientos de toda la humanidad. Una ingenuidad complementada por su propia explicación que las “arañas de búsqueda” que intentan clasificar esa información, son disparadas por “palabras llave” (key words).

Como si no fuera parte de lo elemental en cualquier movimiento clandestino el uso de las comunicaciones cifradas (y sobre todo no hablar ni escribir en inglés). El mundo cerrado de 1984, si bien utilizaba los medios de comunicación (la TV de doble vía) para controlar a los individuos, solo podía darse en una sociedad absolutamente totalitaria y vertical, con un sistema represivo de alta eficiencia y con el miedo metido en el alma de los ciudadanos (seguramente por medios no técnicos). Por eso el Big Brother es solo un sueño de los que quieren el “control absoluto”, no es posible lograrlo solamente a fuerza de tecnologías.

El miedo al espionaje global tiene entonces un valor relativo, aunque muy útil para alimentar el mito de la omnipotencia de los poderosos, un recurso de control social siempre eficiente.

Gigante con pies de barro

Pero lo más importante del tema puede estar precisamente en cual es hoy la realidad del poder de los Estados Unidos. ¿Cómo es posible que un joven de 30 años, que tuvo un cargo burocrático mediocre en el espionaje, pueda él solo poner en peligro todo el sistema de inteligencia del país más poderoso del mundo, que comprende entre otras cosas nada menos que la friolera de 16 agencias de inteligencia con mando centralizado, presupuestos millonarios y miles de empleados, infraestructuras y agentes en todo el planeta?

Algo huele mal en Dinamarca: si esto es posible es porque todo el sistema es de una fragilidad increíble, mucho más allá de todas las previsiones.  Esa inmensa y compleja infraestructura parece estar sufriendo el mismo “efecto dinosaurio” que presentan hoy las fuerzas armadas estadounidenses. Han crecido tanto que se han vuelto totalmente ineficientes. 

Eso puede contribuir a explicar mucho de los monstruosos errores en la política exterior de EEUU en los últimos tiempos. No pudieron prever que se empantanarían en las guerras de Irak y Afganistán,

No pudieron prever que destruyendo la infraestructura libia y matando a Kadaffi solo lograrían generar un resultado absolutamente incontrolable como el que hoy se presenta, donde distintas facciones armadas combaten entre sí motivadas solamente por sus pequeños intereses y donde lo que fuera una nación amenaza con desintegrarse en movimientos secesionistas. No pudieron prever que el gobierno y el ejército sirios resistirían y podrían vencer los ataques de las fuerzas mercenarias entrenadas y financiadas por esa “inteligencia ineficiente”, no pudieron prever que no era suficiente la amenaza de bombardear Siria con misiles cruceros para que eso se cumpliera.

Evidentemente todos fallos basados en una inadecuada “información de inteligencia”.

Esto es a nuestro entender una prueba más de la progresiva pérdida de poder e influencia de los Estados Unidos en el mundo. Una muestra más de su gran crisis como nación hegemónica.  Lo único que podemos pedir es que si va a producirse un derrumbe, sus escombros produzcan el menor daño posible al resto del mundo, aunque se trate nada más que de una aspiración esperanzada, ya que la realidad parece anunciar todo lo contrario.

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